Marketing para Emprendedores – El temor a asociarse (2º parte)

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Detrás de lo que decimos (o pensamos) cuando queremos justificar nuestras precauciones, subyacen motivaciones que no salen a la luz directamente. Veremos que ocurre en este caso y que acciones son las adecuadas para tomar resguardos en forma racional

Si analizamos con cuidado las afirmaciones finales del artículo de la semana pasada, lo que un emprendedor está viendo como eventuales amenazas, pueden llegar a ser en algunas de estas afirmaciones oportunidades de mejora sustanciales, que la visión imparcial de alguien ajeno al negocio puede proponer y hasta ejecutar. Por ejemplo si hay que cambiar el rumbo estratégico, aportar conocimiento para la toma de decisiones, etc.
Pero además del temor a las probables consecuencias negativas, que de hecho pueden ocurrir cuando se selecciona en forma inadecuada a un socio, existen otras resistencias más vinculadas al ego o a aspectos emocionales que a hechos fácticos, como ser:

· No querer compartir el poder de decisión.

· Evitar intercambios de opiniones.

· Haber aprendido a no confiar en nadie.

· Apego al emprendimiento como fundador, sintiendo que otro me “va a tocar mi creación”.

· Inseguridad para las relaciones interpersonales.

· Sentirse superior al otro, como dueño y hacedor del negocio.

Podemos sugerir entonces al emprendedor o empresario una suerte de check list con criterios de evaluación útiles para decidir si asociarse o no, de modo tal de reducir el riesgo externo e “interno” para su decisión futura.

· Conocer los objetivos del posible socio.

· Chequear sus antecedentes laborales, profesionales, comerciales, etc.

· Analizar “muestras de conducta”, verbal y no verbal. Si cumple lo que dice, si respeta plazos, etc.

· Evaluar que es o que van a darnos a cambio de la participación societaria que cederemos.

· Sentir el “feeling” que experimentamos personalmente con el potencial socio.

· Estudiar las características de la personalidad del socio que puedan inquietarnos.

· Evaluar si nuestras propias características personales y emocionales que impactan en nuestra actividad laboral son compatibles con las de nuestro potencial socio.

Luego de hacer este análisis, sumando nuestra percepción intuitiva sobre la situación podremos tener elementos sólidos como para saber si seguimos avanzando en el camino asociativo, o si deberemos evaluar nuevas personas en tal sentido.
En conclusión, la decisión de asociarnos debe cumplir con criterios racionales, razonables y lógicos por un lado, pero también con nuestras capacidades emocionales, que frecuentemente terminan poniendo luces rojas cuando nuestro juicio inicial había dado la luz verde.


Fuente: Lic. Kertesz –
emprendedoresnews.com

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